jueves, 13 de diciembre de 2012

Pequeña


Solías repetirlo de memoria hasta hartarme. Se sentaron en una sala de conferencias que estaba libre y le ofreció café y galletas italianas de almendra. El periodista decidió ir directamente al grano.-Según tengo entendido, ha estado bastantes veces en Muramaris. ¿Por algo en concreto?
Aunque se supone que debiera saberlo, puedes decepcionarte de mí otra vez. Algo así como tus ojitos risueños se cruzan con la respuesta. Me gustaría excusarme siempre en algo como eso. Me gustaría incluso que fuese cierto. Decirte que dabas tantas vueltas en mi cabeza que te colabas en cada asunto importante. Nunca se me ocurrió que vieses las cosas como las ve una niña. A lo mejor solo te provocaba curiosidad la forma en que las galletas y las almendras se mezclaban en un asunto importante. O quizás y lo entendías todo y querías llevarme lejos para tenerme solo contigo. Quizás hasta sabías que Muramaris era una ciudad en donde te ahogarías en primavera. No sé la respuesta a eso tampoco. Lo cierto es que lo único que nos guió a algo en esta relación destinada a nada fue esa película. La que solías repetir hasta hartarme igual que cuando decías “Papá te amo, quisiera verte mañana”.
#7

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