jueves, 13 de diciembre de 2012

Marioneta


Estaban por cumplirse las ocho horas y todavía se sentía como una pesadilla. No quería escuchar su voz ni alguna otra orden. Este era el décimo café del día. Los demás se movían haciendo cosas sabiendo que después les obligarán a comenzar otra vez. No les importaba dejar enfriar el café. A mí me ahorcaba la camisa como estar guardado en una caja de colección. Veía su puerta cerrada, aliviado de saberlo jugando con la secretaría. Yo me había echado a perder y tenía náuseas de pensar que él se pudiera aburrir de mí. Todos se morían de miedo, pero yo me moría un poco más. Por eso dejaba que la camisa me asfixiará como cuidando de no romper mi propia caja. Decidido a alargar mi vida útil, porque tarde o temprano todos caeríamos, pero no todos lo haríamos con estilo.  No sé quién lo disfrutaba más, si él jugar o ellos ver sus corbatas usadas como hilos. Yo no amaba el café, pero me sentía mejor medio despierto aunque despertar no bastará para acabar con las pesadillas.
#8

No hay comentarios: