En el preciso instante de encontrármelo cara a cara pensé que tenía los ojos más tristes del mundo casi a punto de hacerme llorar y preferí mirar el suelo. Y vi su insignia y su porte y le invente una historia de héroe con una nación injusta, con un punto final tan vacío, una historia quizá tan real. Y lo vi perdido en un ayer de cosas que nadie más vio, que a nadie le importo, con agradecimientos que nunca llegaron, que al final se llenó de palabras bonitas que no dejaron nada, apenas un poco de satisfacción masticada a medias, apenas unos "si hubiera" guardados en el velador, apenas un té y pan en la mesa, apenas un día más al que despertar para verlo pasar como otros más en esta caravana de la cuenta final, apenas una vida colmando sus ojos de pena y dolor, mientras el tiempo corrió y Chile era otro, un Chile reducido en que cupieron tantos que tantos otros quedaron fuera y olvidados, exiliados en un sofá mullido sin mucho por hacer. Era el caballero más triste del mundo y andaba por Santiago en metro con una tarjeta de adulto mayor y su orgullo cosido a la chaqueta, me lo encontré como a las 3 de un día martes y se bajo una estación antes que yo. Pienso en que me lo toparía todos los días y le preguntaría la hora, en que quizás me sonreiría amable o yo a él, pienso en que cuando nos vimos era noviembre, el noviembre más frío de nuestras vidas...
viernes, 20 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
Pez Dorado

Mi cuerpo comienza a adivinar la hora de despertar y mi mejilla derecha está pegada al suelo de madera de la casa, estiro mi mano y palmoteo en un estado de semiinconsciencia, es la forma de dar el buenos días en una casa vacía y al momento siguiente me doy la vuelta para quedar de cara al techo que dibuja formas sinuosas con las sombras del balanceo suave de una cortina que es mecida por la brisa ligera de la madrugada, manía personal de tener miedo a dejar las ventanas cerradas; observando eso mi mano ahora va de viaje directo a mi frente y en una caricia suave nota que esta más caliente de lo normal, la retiro rápido y redirijo sus caricias a mi pelo, total no es algo de lo que preocuparse, un café de camino al trabajo y se quita. Al final han pasado más de los cinco minutos que me prometí a mi misma, mejor sonrío y me levanto.
Después de una ducha lenta, termino de amarrar los cordones de mis zapatillas, tomo las llaves, reviso la hora en el computador, único objeto con tiempo que permito en mi hogar, solo para comprobar que otra vez voy a llegar atrasada, lo guardo y doy un salto hasta la entrada para salir a la calle en donde miro hacia ambos lados de la avenida a ver si pasa un taxi o una micro, nada por aquí y nada por allá, les doy cinco segundos y nada, el tráfico no funciona hoy así que decido caminar, retrasada un poco más o un poco menos no hará la diferencia, al menos para mí y todos deberían ser como yo.
Voy sintiendo la primavera en la nariz con una ligera comezón ignorada olímpicamente por mí tal como ignoré la temperatura anormal de mi frente y después de un rato de andar me encuentro con la pequeña cafetería de siempre en la esquina antes de llegar a la agencia, ahora que lo pienso la caminata me ha espabilado y decido cambiar el café por jugo de frambuesa. Espero que el semáforo dé verde mientras escucho una canción y la intento hacer calzar con la campaña de algunos de mis clientes, tarareando, bebiendo de la pajita, creo que he cruzado la calle bailando y así llegué hasta el edificio en donde saludo con breves inclinaciones y unas cuantas palabras murmuradas, gruñidas e interrumpidas por la pajita y el jugo en mi boca, entonces a un paso de entrar al elevador escucho bullicio en la recepción, unos cuantos gritos alarmados que me alteran a mi también, haciéndome rogar a dioses en los que no creo para que apuren el elevador, pero comprendo que es demasiado tarde cuando escucho sus jadeos en mi espalda y su mano agarrando la mía y antes de decir un hola él ya ha apresurado mi vida y me tiene corriendo directo a las escaleras.
-Pero por dios que para algo existe el elevador, desesperado- Refunfuño sin hacerlo fuerte y alto porque escuchar murmuros bajos no lo de él.
-¡Llegaremos tarde!- Me grita exagerado al momento que va llegando a las escaleras y comienza a subirla de dos en dos.
-Te corrijo, babe, ya llegamos tarde- Yo las subo lento con el único fin de impacientarlo más, sin embargo lo único que consigo tras apenas uno segundos es que él se de la vuelta, me mire feo y raro y me tome en brazos para terminar de subir mientras yo pataleo y le grito que está loco y tonto, que si derrama mi jugo lo mato, que si nos caemos le cobro la factura del hospital, que es un psicópata y un sinfín de cosas más hasta que llegamos a nuestro rincón en la sección de que creativos, quienes no han hecho caso a nuestro escándalo porque nos conocen y porque están ocupados en su propio alboroto cotidiano acentuado por ser viernes, un día en que antes de llegar todos se quieren ir, pero en el que todos se quedan hasta tarde terminando el trabajo que acumulan en la semana y que no se puede quedar descansando el sábado y el domingo para terminarlo el lunes, es que de ser así esta agencia terminaría llamándose “El cuento de nunca acabar” y toda la sección de cuentas habría renunciado con impaciencia.
En fin que nosotros sabemos lo atrasados que estamos, así que revisamos rápidamente lo que el otro hizo para corroborar que todo haya quedado como debería y nos dirigimos hacia la sala de reuniones unos pisos más arriba, ahora le tomo firme la mano y lo dirijo sin explicaciones hasta el elevador, porque cierta lógica de vez en cuando se hace presente en mí y entiendo que subir tres escaleras de dos en dos no es muy astuto.
Siempre me ha gustado ver como las cosas pasan a toda velocidad frente a mí y yo nada, yo simplemente me quedo mirándolas pasar como si estuviera en pausa. En la reunión todo salió bien, el cliente llevaba esperando ya un rato, pero nos conoce y la gerente de cuentas también así que estaban tranquilos, les presentamos nuestra propuesta y ambos quedaron ampliamente satisfechos, sobre todo el cliente; después de eso volvieron a mí los estornudos, el calor en las mejillas y el dolor de cabeza, pero ahora tampoco me importa, entiendo que es el relajo y la satisfacción de hacer bien lo que más te gusta. Ahora tengo la pajita de un café interrumpiendo las palabras en mi boca y estoy sentada en la vereda de la calle viendo los autos pasar, de vez en cuando algo interesante pasa al otro lado de la calle y yo tomo fotografías mentales de todo eso. ¿No era importante para un publicista observar? Pues eso hago, así que reemplazo el sentimiento de culpa que me nace por estar acá abajo y no allá arriba por el nuevo pensamiento de que en verdad sigo trabajando.
-Don Pablo me dice que si sería tan amable de subir- Ella habla con una sonrisa suave y gestos cariñosos y yo me quedo mirándola hacia arriba y no dejo de tomar café, siempre me hace pensar en lo que hace fuera de acá, en que si deja de ser amable cuando llega a su casa, si pelea con alguien en la calle, si se pasa las noches en el cine o si conversa con las toallas de su casa. Ella no me deja de sonreír aunque siempre este perdida y nunca de explicaciones, porque ella es como un pez y no demuestra emociones solo tonalidades doradas y coquetas y cuando nadie la ve ella debe salvar al mundo o algo así y debe tener quizás cuantas aventuras escondidas en un castillo de arena y espuma.
-Asdf- Mi respuesta es tardía y solo es un balbuceo medio gruñón que en realidad no es para ella, sino que para mi dupla creativa y eso hacen brillar sus ojos y le arrancan un sonrisa muy poco alborotada. Ella es un pez que se burla de mí y me entrega ideas para acabar con las campañas de esta tarde. Mi mano le hace una caricia en la mejilla y le desordena el pelo como si la niña pequeña fuese ella, va en paralelo a mi cuerpo que se levanta y entra al edificio dejándola atrás.
-¡Pablo, me parece imposible este ritmo de trabajo!- Le grito alegre y con empujones suave- ¿No ves que necesito comprar un pez antes de irme a casa? ¡Debemos terminar temprano hoy!- Me siento frente al computador y ya no hago caso a sus regaños, porque dicen un montón de cosas intolerables como que la que llevaba dos horas mirando a la nada sin trabajar era yo.
Se acaba el día y nosotros estamos desparramados en nuestras sillas, ya no hablamos de ideas creativas para nuestros clientes, hablamos de ideas tontas para otras marcas, de dinosaurios que ataquen el planeta, de hacer una película algún día, porque juntos funcionamos bien, nos reímos de Mirta en su cara cuando nos avisa de dos nuevas campañas para la otra semana y entramos en ataque cuando ella nos dice amenazadoramente que tenemos dos semanas y no necesitamos decirnos nada para llegar al acuerdo de que no revisaremos los papeles que ella nos da hasta como el miércoles de la otra semana. Un rato más y nos vamos, me acompañará a comprar el pez y dice que comprará otro si ve que en verdad tengo más ideas teniendo uno en casa.
Me quito las zapatillas apenas al abrir la puerta, dejo las cosas en algún sillón y antes de comer decido apoyar al pez en suelo y me tiendo junto a él, porque ya no me acostumbro a la suavidad de la cama, lo miro un buen rato y ya un par de ideas vuelan en mi cabeza, entonces sonrió complacida de que Pablo hubiese elegido al más parecido.
NOTA: Tarea de Expresión Oral y Escrita, redacción de un cuento que tenga como tema principal "Un día en la agencia de publicidad".
PD: Aún no hablaré de Dir en Grey, por ahora solo diré que fue perfecto...
jueves, 5 de noviembre de 2009
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