lunes, 7 de mayo de 2012

Semi continuación de otra cosa


Los conejos gigantes son perseguidos por superhéroes anormales, provocan huir y provocan quedarse, al menos ella quería quedarse, obviamente fueron más las veces en que se fue. Cuando hay pelotas amarillas en el cielo los conejos se esconden en sus madrigueras, se parecen a mi cuando no sé lo que quiero y siento que lo quiero tanto. Batman y Robin tenían problemas, pero los conejos no tienen retorno, tal vez nunca se vayan, tal vez quieran imitar a los árboles, pero si se fueran no importaría si volvieran, son gigantes ínfimos y eso a veces les hace llorar; ella siempre lloraba por todo lo que no podía ser y quería ir a correr tras ellos, me desesperaba porque nunca fue de los que se quedaba y no importaba si quería ni si a mi me dolía o a ella también, iba a desaparecer, tan simple y radical, y habíamos dos o tres que nos quedaríamos intentando pegar con la gotita su sonrisa a nuestros recuerdos, así que un día tocando sus lunares quite su angustia y la guardé, no me dio las gracias, si me odio lo entendí también. ¿Qué nos queda a los que no podemos ser héroes? Papá es chofer como si ser mecánico lo hubiese podido quemar, papá es cosas que en realidad no es. Los conejos no conocen la respuesta, sin embargo, prefieren creer que sí y culpan todo a la altura, viven tratando de encogerse y muchas veces mueren ahogados con la cabeza enterrada entre sus piernas. Ella conocía la respuesta, aunque fingiese tanto que se lo creyera, la deje ir porque una parte de mi lo sospechaba y otra parte odiaba demasiado. Batman y Robin tienen batiarmas de liquidación y licencia para cazar, a nadie le interesa los que no son.

jueves, 3 de mayo de 2012

252


Tomen, les regalo un número: 252. Pueden hacer lo que quieran con él. Pueden reinventar la teoría cuántica, hacer estallar galaxias, escribir un código secreto que todos conozcan menos yo, pueden dárselo a su perro, pueden comérselo o tirarlo a la pared y verlo caer al ritmo de una canción que no es de ustedes, pueden tirarlo a la basura, pisotearlo, equilibrarlo en una cuerda en cuyos extremos alguna vez viví, contarle sobre el amor y creer que les entiende, enterrarlo como a un hijo muerto, llorarle el pasado, hacerlo protagonista de sus pesadillas, pueden llenarlo de sus recuerdos y creer que mañana cuando despierten las cosas volverán a hacer lo que ustedes creían que eran, que no son ni un 0,000000252% de lo que en verdad fueron y ni de lo que nunca serán por más que lo quieran, que vomiten en el baño de un aeropuerto, les duela la cabeza o les sangren sus manos extendidas más allá. Pueden hacerlo y haganlo, porque no me importa.