Tomen, les regalo un número: 252. Pueden hacer lo que quieran con él. Pueden reinventar la teoría cuántica, hacer estallar galaxias, escribir un código secreto que todos conozcan menos yo, pueden dárselo a su perro, pueden comérselo o tirarlo a la pared y verlo caer al ritmo de una canción que no es de ustedes, pueden tirarlo a la basura, pisotearlo, equilibrarlo en una cuerda en cuyos extremos alguna vez viví, contarle sobre el amor y creer que les entiende, enterrarlo como a un hijo muerto, llorarle el pasado, hacerlo protagonista de sus pesadillas, pueden llenarlo de sus recuerdos y creer que mañana cuando despierten las cosas volverán a hacer lo que ustedes creían que eran, que no son ni un 0,000000252% de lo que en verdad fueron y ni de lo que nunca serán por más que lo quieran, que vomiten en el baño de un aeropuerto, les duela la cabeza o les sangren sus manos extendidas más allá. Pueden hacerlo y haganlo, porque no me importa.
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