martes, 11 de octubre de 2011

Abuelita

Mi abuelita era abuelita para sus cosas,
tenía un genio que desbordaba su peil y una arruga en el entrecejo,
era la persona más linda...
Cantora de un tiempo que fue
guradaba refranes en sus bolsillos,
escondía la magia de los niños en sus manos ásperas,
era ella el hechizo de una casa con demasiados años.
Mi abuelita no escondía olvidos,
sus memorias eran mechones suaves y blancos.
En la época de los azahares tengo ese impulso tardío de llenarla a besos,
de hacerle nanai a sus heridas arrugadas y enterradas,
el deseo de llenar con flores una ausencia que sabe volar


domingo, 9 de octubre de 2011

Irse


"Te amo... mucho" Tú siempre llegabas tarde, llegabas tarde a tu propia mente y tus dedos debían acariciar tu cerebro con lubricante y un adormecedor, llegabas tarde otra vez cuando yo ya había visto mil colores en el cielo y había dejado escapar veinte y dos canciones de mi lengua, había pensando en irme porque siempre pensaba en irme y me había quedado, tú llegabas llegando tarde a tus propios sentimientos.

"Yo también" Y mucho más, pero eso qué más da, la vida había pasado y estábamos en otra vereda, en otra línea, en otro ritmo, bailando una canción distinta, mis dedos habían tomado y marcado y doblado las hojas de mi vida y habían arrojado un avión hacia algún lugar al que tú no ibas y no sé si porque no quise invitarte o porque el piloto había decidido que contigo, entonces, pagar sobrecargo. Y tú habías entrado a un lugar dentro de millones de otros, probablemente coleccionando sitios perdidos, con millones de puertas y sin ninguna salida, había que tener trescientas llaves para encontrarte, pero antes de todo tu las habías tomado y tirado a un mar que no existía.

Llegabas mientras yo apretaba los puños y nubes que no sabían sonreír transportaban un tiempo que a tirones rasgaba lo que podía y solo dejaba entre nosotros vacíos. Quería gritarte que te apuraras en intentar solucionar algo que estaba perdido, que precipitaras ese final que ya fue, que suspiras un poquito para que lloviera y que, al menos, nos quedará una tarde mojada. En vez de eso, estabas llorando, los silencios podían contigo.

No quiero recordar como fue, este trozo de egoísmo es un regalo que le doy a mi corazón, cosí mis labios con gusanos que se mantenían cantando ese silencio al que tu le querías vomitar y no, no te deje de mirar. Cuando dijiste lo siento pasó una niña de la mano de su madre, parió ironías mi sonrisa con el leve deseo de que todo esto pateará tu estómago cada vez que yo te extrañará.

"No nos vemos hace un año..." Hace doce chocolates, uno por cada mes, treinta y mil suspiros, diez canciones que se parecían a ti y que cante una y otra vez, cientos de semáforos en que no chocamos encontrándonos, fin de semana por medio en que fui al cementerio a saber de mi abuelita, sesenta noches sin dormir, dos dolores de cabeza a la semana y un poco de estrés, kilos de tareas mezcladas con café, millones de deseos a aviones que volaban sobre el mar, doscientos cuarenta y seis besos, unos que humedecían ventanas y otros que hacían mariposas en mi piel, tres veces en que lloramos con él, unos mil te amos, al menos novecientos noventa y nueve sinceros, muchos abrazos y en fin, hace todas esas demasiadas veces en que pensé en ti. "...Quiero decir... cuando está el sol sobre nuestras cabezas así, tengo ese sentimiento de que no ha cambiado lo que definitivamente ha cambiado. Pero sé que cuando el pasto crece es cortado, donde nuestros pies pisaron no hay burbujas tornasol que vengan desde algún pasado... La vida siguió tan impresionantemente que no te necesito... ni tú a mi".

Un espasmo y tus pies dormidos. "¡De verdad lo siento!... Te quiero a mi lado". Demasiado tarde, tu cuello estirado, tus manos saboteando mi paciencia. Tú también lo sabías, que siempre llegabas tarde a tus propios sentimientos.

"Quiero que seas feliz porque creo que puedes serlo. Quiero que tú también creas que lo puedes todo. Pero no puedo estar ahí ni en ese día. Lo que fue, fue, y lo que no, no nos está esperando. Me voy... me voy con él, a donde él diga, cuando él quiera, hasta que "nada es para siempre" llegué y deseando que a ti no te encuentre nunca".

Yo había decidido desde antes que siempre llegaría temprano... que siempre llegaría a decir "yo también". Y que siempre me iría hoy.