tenía un genio que desbordaba su peil y una arruga en el entrecejo,
era la persona más linda...
Cantora de un tiempo que fue
guradaba refranes en sus bolsillos,
escondía la magia de los niños en sus manos ásperas,
era ella el hechizo de una casa con demasiados años.
Mi abuelita no escondía olvidos,
sus memorias eran mechones suaves y blancos.
En la época de los azahares tengo ese impulso tardío de llenarla a besos,
de hacerle nanai a sus heridas arrugadas y enterradas,
el deseo de llenar con flores una ausencia que sabe volar
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