Hace tanto tiempo un refrigerador se mantenía vacío, sus paredes tan bochornosamente blancas, sus espacios tan inmensurablemente amplios y una nevera que se llenaba de tu frío cuando a media noche te asaltaban los deseos de amar y los recuerdos que nunca tuviste, corrías con pies descalzos que se acostumbraron a pisar sobre vidrio molido, entonces nadie te veía esconder suspiros de hielo, vomitar todo ese frío que se formaba adentro de ti, que se mezclaba de forma rara con esas ansias de respirar que se escondían en lágrimas que solo podías dejar ir con conversaciones falsas, lágrimas que te acunaban en un sueño que nunca fue. Estabas tan irremediablemente sola, rodeada de tu montón de cosas asesinas.
¿Hace cuánto que te devorabas a ti misma? ¿Desde cuándo que te transmutabas con cada mueble y cada cosa a tu alrededor y te quedabas vacía? ¿Tu sonrisa y tú compasión fueron siempre una forma falsa de comunicación y el brillo en tus ojos un poco de escarcha?
Fuiste construida por un sistema mecánico perfecto que desde el principio te fabrico arruinada y nosotros nacimos después de ti y cada tipo de acción y cada pensamiento no se alejaba de tu folleto de uso e instrucción y llegaste a tener un televisor gigante en donde las torres gemelas se derrumbaron más que en cualquier otra parte y tus ojos continuaban mirando aquello que nadie más podía ver. ¿Sonreías? Todos te recuerdan sonriendo con tus ojos oscuros y chiquitos, pero dime, ¿sonreías? Te mirabas al espejo y tú también te alarmabas, ¿era eso una sonrisa? Sé que fue esa pequeña duda lo que trajo todo lo demás, te comías los dedos de a poco cada día, nerviosa sin saber porqué y corrías y subías y bajabas escaleras rompiendo un record cada vez y el tiempo que te quedaba lo dejabas guardado en un cajón bajo la cama. Eras cada día mucho más eficiente que ayer y notabas como eso te destruía, sobre todo los oídos, no dejabas de escuchar algo que no sabías lo que era y tu cabeza se hundía en la almohada porque pensabas que sí los peces respiraban ya no podrían ser felices otra vez y tú querías que te nacieran escamas y que dejar de tomar aire fuera la simple solución a un problema que nunca conociste. Querías ser un pez porque ser mar le quedaba demasiado grande a tus pies pequeños y el alga te daba alergia, pero nunca pudiste cuidar de uno, en realidad tú no podías cuidar de nada y lo sabías, pero solo los peces te mortificaban, así terminaron sus días regalados a las alcantarillas de la ciudad y tú le dabas de comer al agua de una pecera vacía que se hacía espesa de esa sal que caían de tus ojos, que no eran lágrimas, porque ellas solo nacían de los problemas reales de personas insignificantes para ti, era tu conciencia que se desmoronaba porque nunca supiste hacerla crecer.
Yo te conocí entera, mucho antes de que te autodestruyeras y de que las mariposas hubiesen engendrado esquizofrenia en tu cabeza, desde el primer momento mis ojos pudieron transparentarte y pude divisar todo el frío escondido en entre tus lunares y tu lengua y yo no dije nada, porque aunque no me creas, nunca me importaste. Cuando nos encontramos después el frío te había llenado y tú continuamente te deshacías para hacerle un espacio, te quedaba solo un trozo de corazón y tú estómago lo habías plantado en tu pecera vacía cubierto de una gruesa capa de sal y cada día le nacía una escama nueva, dulcemente plateada.
Te veía llenar la casa de cosas y más cosas y por cada una de ellas vomitabas alguna parte de tu ser, tu voz fue lo último que vomitaste y eso que no te servía para nada, no sabías expresarte solo tu proceso de autodestrucción, aunque fuese invisible para los demás, era tu forma de tratado acerca de esta vida, por eso aunque dijeses muchas cosas siempre fuiste muda para mí.
Te pasabas horas queriendo ver la televisión, pero todo allí era intrascendente para ti y no lo lograbas, te pasabas noches enteras y cuando te preguntaban que habías visto no lo recordabas, no recordabas contenido, solo marcas y las vomitabas igual que las entrañas de tu cuerpo, pero estás tenían una casa mucho más segura en tu mente y comprabas y comprabas porque pensabas que al tenerlas ya no tendrías necesidad de recordarlas, pero tu mente solo vagaba en eso y aquellos pensamientos se mezclaban con aquel ruido que tu oído no sabía descifrar y al final terminabas con jaqueca. En tu mente todo siempre fue claro, claro como el mar, porque tenías pies pequeños pero tus pensamientos se expandían y lo abarcaban todo, nos abarcaban a todos, porque de alguna forma todos estábamos en ti y era eso lo que te hacía sentir sola, entonces tu mente siempre fue el mar que creías que no podías ser, el problema es que nunca pudiste entrar en ella, nunca pudiste conocerte lo suficiente. Dormías muy poco y lo hacías sin respirar y yo me llenaba de celos de verte muerta, pero me reía para mí cuando te encontraba despierta otra vez. Y no había caso, las cosas que le ocurrían a los demás no eran importantes para ti y tú no lograbas recordar y los vecinos no tenían espacio para guardar todas tus cosas que te empecinabas en llamar “nuestras” cosas. Te sentías tan mal que ya no respirabas ni despierta ni de alguna otra manera, entonces un rayo de luz dio justo en tu pecera e hizo saltar a tu estómago que ya no era estómago, era pez, sé que estabas maravillada y sé que esa sonrisa nunca fue más real, el agua de tu pecera tenía entrañas y mucha más vida que tú y entonces perdiste la concentración que indicaba tu folleto de uso e instrucción y el ruido de tus oídos se hizo claro en tu mente y tu pudiste ver que eras mar, entonces supiste que justo en ese instante una mariposa era atropellas y aplastada por un auto a toda velocidad, supiste que sus alas se partieron y caíste de rodillas sobre el suelo y la única vez que usaste bien tu voz fue esta, luego de tu grito llegué yo y curar tu espalda herida y a irme y dejarte después.
Autodestruida y una mirada vacía.
¿Hace cuánto que te devorabas a ti misma? ¿Desde cuándo que te transmutabas con cada mueble y cada cosa a tu alrededor y te quedabas vacía? ¿Tu sonrisa y tú compasión fueron siempre una forma falsa de comunicación y el brillo en tus ojos un poco de escarcha?
Te devorabas desde siempre, te transmutabas desde siempre y sí, no era más que una fachada que se estaba cayendo por dentro, no era más que tu refrigerador vacío, que un frío más frío que cualquier otra cosa que lo llenaba todo pero a la vez no.
Te encontré tirada, aplastada por un auto, pero muerta gracias a tu propia autodestrucción, cure las heridas de tu espalda y te sepulte junto a tus suspiros fríos en la nevera. Me pregunto todavía si en verdad me importaba lo que pasaba con tu vida.
PD: Esta es la tarea para Conducta del Consumidor, un ensayo a partir de la película "El Club de la Pelea". Probablemente mucho de lo expresado en realidad no sea una opinión mía.