Era temprano cuando decidí mirar y grité. En la bola todo era terroríficamente igual a hoy. Ni siquiera tomé una maleta cuando unos minutos después salí a tomar un tren que viajaba hacia el futuro. Bajé en la parada que decía “Lunes siguiente” y por supuesto nadie dijo nada cuando caminaba hacia mi casa ni siquiera un “Hey parece que haz rejuvenecido como una semana”. Esta bien para mí, sería una mariposa hoy y mi aleteo los sorprendería después. Una semana me bastaría para desordenar las cosas y hacer un tsunami en la imagen del cristal. Entré a mi casa con la idiota esperanza de que mover mis libros me llevaría a buscarlos a Pekín. Si los colocaba bajo el florero, lo recordaría, incluso si los guardaba en el cajón que nunca abría. Estuve unos cuantos minutos así y me rendí pensando que esto era una mala idea. No olvidaría ninguno de los movimientos que hiciera hoy y nada cambiaría accidentalmente mi vida para darme una aventura de película. De pronto sentí ruidos en la puerta, miré y era yo que salía un poco espantado y sin maleta. Cuando quise alcanzarme, mi cabeza se golpeó contra un vidrio que me encerraba no solo a mí, sino también el tedio, el horror y la condena de vivir otro día igual.
Una semana después las cosas seguían igual y era temprano cuando decidí mirar y grité.
#3
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