jueves, 13 de diciembre de 2012
Los monitos en la tele
Cuando un montón de niños lo arrastraron desde el auto rojo hasta la casa, no sintió que eso fuese la despedida. Estaba un poco asustado sí. Nada que no se arreglara con dar la vuelta y verla a ella sonriendo. Terminó bajo un árbol adornado para diciembre. Los niños solo lo conocían desde hace unas horas pero se sentían felices de recibirlo en su primer día.
Me arrepentiría de muchas cosas, lo sabría después. Ahora solo me divertía viendo a esos niños buscarme. Estaba por salir y ganarles cuando ella pasó por delante sin verme. De pronto ya no quise jugar más, quise seguirla para irnos a la casa. Iba con una señora. Y antes de tomarme de su mano para entrar al despacho también, escuché los ruidos de una tele.
-Los niños deben ser buenos- dijo la voz del conejo que me encantaba.
-Deben comerse toda la comida- solía esconderme bajo la cama si me daban porotos.
-Deben compartir- mis primos no sabían cuidar los juguetes.
-O si no – El conejo diría algo terrible, pero una voz suave se interpuso.
-Deberá quedarse aquí- dijo ella.
-Lamento que la situación llegará hasta este extremo, parece un niño bueno- respondió con lástima una voz extraña.
-¿Puede ser posible?- Dije para mi mismo.
- ¡Por supuesto que sí! ¡Si no se portan bien serán castigados!- respondió el conejo.
-¿Pero y la navidad?- dije a punto de llorar.
- ¡No habrán regalos de navidad!- dijo el conejo con una alegría irritante.
Ella, dulce como siempre, bajo hasta besar su frente y dijo algo así como que no sería para siempre. Antes de algo los niños llegaron arrastrándolo al juego otra vez. Después de todo era su primer día.
Me arrepentía después de haber seguido jugando. Y aunque ya no era un niño, si pasaba un auto rojo le decía que me portaría bien y que me comería toda la comida.
#9
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