He querido negarlo, pero no se puede impedir lo inevitable. Ahora es un poco tarde y aunque te hice creer que sí, nunca te tuve tanta fe. Ni siquiera imaginaba que pasaría con nosotros más allá de pasado mañana. Me avergonzaba el llanto de tu madre. Me incomodaban los abrazos de tus familiares. Me irritaba haberte querido así. Estaba ocultándome de tus flores cuando tu sonrisa media estúpida me busco para decirme que se iba. Te hubiese culpado de cobarde por encerrarte a dormir, por no querer hablarme. Me hubiese emborrachado para gritarte hasta romperme la garganta. Te hubiese gritado que me cagaste la vida. Hubiese imaginado que eras él, pero solo eran el mismo rostro y la misma sangre, iguales a los que ayer se estamparon en el suelo. Al final no podíamos darnos consuelo. Ninguno podía hacer nada para frenar el auto e impedir que todo acabara.
#4
No hay comentarios:
Publicar un comentario