jueves, 13 de diciembre de 2012

Deseos infantiles


Lo enfermaba saber que moriría recordando ese día en que ella pedía deseos a los aviones. Hace 30 años que nunca hubo vuelta atrás para ellos. No solo porque la calle en donde se vieron la primera vez era de solo un sentido. Y no solo porque ella ni sabía ni quería ver lo que había al otro lado de la esquina. Sino que porque tampoco se avanza retrocediendo. Recordaría infinidad de veces que tuvo la intención de no parar en la luz roja. Su padre siempre se lo dijo, que anduviera con cuidado, que jamás pudieron bautizarlo. Cerraría los ojos y vería cada detalle de su vestido blanco. Dormiría recordándola cruzar sobre su pecho plano el cinturón mientras no se daba cuenta de que el vestido se subía por su muslo izquierdo. Habían llegado y entrado cuando él recordó que la había visto con un cigarro antes de que se subiera al auto. Se fumaría dos cajetillas diarias después de esa noche. El vestido en el suelo, su cuerpo pequeño, su cara ahogándose en la almohada. Muchas noches después despertaría sin saber si seguir soñando. Intentaría encontrar el sabor de sus labios en un cigarro. Rezaría después y cuando las culpas siguiesen ahí, vendrían las palabras de su padre a su cabeza. Y luego ella susurrando. Mirando por la ventana. Pidiendo por el cuidado de su hermana pequeña. Decepcionada del cielo, esperando ver pasar un avión como una estrella fugaz. Y luego él y sus manos en su cuello. Y después enfermo sabiendo que moriría recordando sus facciones de niña aterrorizada.
#10

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