Cada vez que truena pienso que si Dios es un Rinoceronte que vive en el cielo y que tiene ojos ciegos y una pena de amor y que vive atascado en un banco de arena, de arena de sueños, de arena de estrellas, de arena de miles de tiempo, y que sufre por intentar hacer existir a los unicornios y que quizás no y que tiene un reloj colgando en el pecho y un cuerno agrietado y que sueña con palabras que no conoce y que vomita galaxias y que guarda agujeros negros bajo la almohada, entonces lo perdono.
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