viernes, 10 de febrero de 2012

Rinoceronte


Un buque de guerra hirió a un ángel que visitaba a la sirena de los ojos de mar tortuoso de un rinoceronte alado, cortando para siempre el hilo que lo sujetaba a la palabra Dios allá en una nube que algunos llamaban el paraíso. Planeó su viaje de regreso en un cohete ruso, en su equipaje guardaba aguja e hilo nuevo, la sirena como despedida le ofreció una canción que se llamaba "amor". En tres suspiros y uno y medio el regreso quedo suspendido y el ángel le dijo a la sirena "regalame tu canción, regalame tu amor". Ella le enseño millones de burbujas mezcladas con mariposas que aleteaban en su estómago y crearon juntos una felicidad desconocida. De a poco, como siempre, todo empeoró, la sirena parecía perdida, su voz no sabía ya de ninguna canción, y al ángel desesperado le explicó que el rinoceronte enamorado tenía sus ojos solo en ti, para descifrar tus palabras escondidas estaba ciego a todo lo demás, y al ángel ahora no podían ver. Y el ángel ofreció tus palabras y el rinoceronte sus ojos dio y quedo ciego, ciego con tus palabras de daga y con el corazón herido, con un amor destruido, vomitando las galaxias más tristes del infinito y el ángel no lo aguantó, quitó sus propios ojos luego de ver tu alma de tiritas. La sirena culpable cantó una serpiente que cosió las alas del ángel nuevamente a la palabra Dios y ahora sus canciones se parecen mucho a un rezo que nadie oirá.

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