Un rinoceronte alado cruzaba la luna 3 veces en la noche, ninguna en el día. Él no conocía tus palabras, tus palabras escondidas por dentro en tus mejillas; ofreció por ellas sus ojos de mar tortuoso a un ángel enamorado de la sirena que vivía en sus pupilas. Tus palabras habían apenas rozado sus oídos cuando ya vomitaba tres galaxias y estornudaba un fuerte amor de sabor a destrucción. Sus ojos ofrecidos te vieron muy a lo lejos herida, vieron que guardabas un alma hecha tiritas y lloraron un poco por un dueño que ya no tenían, que ahora se iba por el infinito de un banco de arena para susurrar en sueños algunas tonteras.
viernes, 10 de febrero de 2012
Rinoceronte
Un rinoceronte alado cruzaba la luna 3 veces en la noche, ninguna en el día. Él no conocía tus palabras, tus palabras escondidas por dentro en tus mejillas; ofreció por ellas sus ojos de mar tortuoso a un ángel enamorado de la sirena que vivía en sus pupilas. Tus palabras habían apenas rozado sus oídos cuando ya vomitaba tres galaxias y estornudaba un fuerte amor de sabor a destrucción. Sus ojos ofrecidos te vieron muy a lo lejos herida, vieron que guardabas un alma hecha tiritas y lloraron un poco por un dueño que ya no tenían, que ahora se iba por el infinito de un banco de arena para susurrar en sueños algunas tonteras.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario