Ya sé que parece que los jóvenes no piensan, que su mirada no vaga por el vidrio de una micro. Lo sé. De todas formas es incontenible en mí, las mariposas están ahí, en mi cabeza, y no se van a ir. De alguna forma la culpa y el miedo se acumulan por igual en mi interior, se envuelven con el frío y duele, duele tanto, pero siempre es mejor así. Yo no puedo volver el tiempo atrás, ni volverlo hacia delante, ni pausarlo, ni alejarlo, ni hacerlo sangrar hasta morir, sin embargo lo he hecho, ¿no? Una y otra vez he vuelto en el tiempo y he pensado en el futuro, he renegado y escapado de él y lo he matado con mi desprecio. Y está bien, ha sido mi decisión y está bien, porque he pensando las consecuencias, el desgaste y el daño y he pensando en esas ganancias que no lo parecen, que dejan las manos partidas y las lágrimas secas y está bien, después de todo no quiero mucho, solo llegar a sentir alguna vez que valió la pena decidir tomar la responsabilidad de ser. Quiero decir que no puedo rehacer lo que ha dañado a otros, solo puedo pensar y asumir y volver a partir, que no puedo dejar de cambiar de opinión, pero que soy igual a ayer, que finalmente se trata de entender que hay cosas que cambiar, retomar, que siempre es momento de empezar. Quiero asumir la culpa de no haberla asumido antes, quiero tomar la responsabilidad y, aunque seamos arena de desierto, pensar que hacemos bien, que mi educación me obliga, que saber me obliga, que entender me obliga, me obliga a estar de pie, a correr, a decir, a pensar, a hacer, a no dejar las cosas ir y venir, quiero saberlo así y que vuelva la niña de las causas perdidas y se una a esa otra que quiere estar alejada y sean ambas la que soy yo, que no puede dejar de estar consigo misma, pero que quiere ver que estás calles están llenitas de gente que se saben personas y que eso obliga. A lo mejor yo aún quiero derretirme en la pared, huir y no volver, a lo mejor algún día ocurra, pero hoy quiero quedarme, quiero decirle a mamá que la quiero antes de que la vida me abrume y quiera refugiarme en su útero de colores, que no necesito grietas para entender que a ella le costo, quiero agradecer a quienes estuvieron más allá de que debían estar, a quienes llegaron y se quedaron y no tenían porqué, quiero asumir la responsabilidad de amarlos, de tener un corazón que se lleno de ellos. No necesito un ocaso para eso. Siempre supe que nadie va hacia un lugar, que todos escapan de otro, sí, siempre lo supe, así como sé que los aviones no llevan deseos ocultos, pero a veces cuando esos murmullos que narran se cuelan en mis noches sin sueño yo creo que no hay lugar al que ir, que somos un montón los que fuimos arrojados asfixiados. Pero hoy no voy a huir, hay que dejar tiempo para después. No hay necesidad de entender ni de entenderme, las pequeñas huelgas de mi vida han sido conmigo misma, años sin usar reloj ni celular, años negándome a socializar más de la cuenta, sin ser puntual, sin ser simpática, sin dejar de fingir demencia, años caminando sin querer llegar a alguna parte, años teniendo amigos imaginarios, hablando sola, ideando planes en el baño, solo para demostrar que la vida puede ser más azul, que te puede hacer feliz la lluvia, que la vida tiene un revés y que yo quiero verlo, que el problema de un mundo redondo es que las circunferencias tienen infinitos puntos y luego he decidido que quiero todo lo que deje, porque se puede volver e ir. ¿Crecer es parecido a esto? Cuando volar es como subir a un columpio, para mi crecer te ata a tierra y te levanta un centímetro hacia arriba, a lo mejor cuando todos simplemente tragan, yo estoy intentando saber qué como, estoy intentando masticar tierra, queriendo decir que no quiero que la vida simplemente pase, quiero entender y aguantar el miedo.
Ya sé que se supone que los jóvenes no piensan, pero mi corazón se escurre cuando me pierdo entre el vidrio de una micro, mis labios y mis oídos se llenan de miedo, porque yo no sé a dónde vamos o si vamos y si iremos a llegar.
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