Va a sonar. Falta. Pero va a sonar.
Es mucho y va a sonar.
¿Quién invento que los sueños tenían que volar?
Alas artificiales, ya no saben volar,
cuando toquen el agua será como el cielo,
a veces los sueños se tienen que ahogar.
Está sonando y es horrible y si pudieramos patear la conciencia y vomitar el dolor,
pero no va a dejar de sonar,
maldita canción de soledad infinita. Final.
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Existe un momento como a las 10 y 3 en que mi pie gira media vuelta y el tacón golpea después y entonces Santiago parece más chiquito, mucho más, y me digo que no hay tantas estaciones entre tú y yo, ni tantas horas ni tantos silencios ni tantos holas ni tantas palabras que no dicen más, que por aquí tu andabas también, a veces, quizás ayer, que nuestros relojes podrían tener la misma hora y nuestras mentes la misma prisa, que no es tan lejos, no puede ser, pero el suspiro de un niño toma mi pelo y me hace comprender, no es tan lejos, es solo que la vida no nos queda demasiado cerca.
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Cuando pasa el metro es un momento mágico el barrido en nuestros ojos y nos divide, nos destroza y estoy segura que en un segundo y un tercio tú no sabes de mí de la misma forma en que yo no tengo idea de mis ideas.
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