sábado, 7 de julio de 2012

Díficil


Sí. O sea, era indesmentible y estaba ahí, en medio, como si nada. No. No sabría explicarte como.
-Nena, nena, es un conejo!- No sabía usar el microfono y sus ojos no eran fucsias o tal vez sí, quién podría saberlo? Sus pantalones llegaban al suelo y se le veían hasta las rodillas.
Era gigante y estaba lubricado, conejo rosa.
Sabes? Creo que hoy no sería capaz de negar que también deseo que el principe azul se torne negro, sin colores, que te haga saber que era un disfraz y una máscara de plumas imaginarias...Y ni aún así y me da culpa.

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