Regalame una vida para gastarla contando estrellas,
una vida dedicada a enfrentar a la Luna asesina,
para vivir caminando, arrastrando los pies,
una en que nunca deba sacar las manos de mis bolsillos,
ni parecer preocupada por el resto.
Regalame una vida que tenga mucho frío,
que muerda y que hiera.
Prefiero que la lluvia me hunda y me mate y me arrastre a un mar de peces de colores e historias para amarte y susurrarte y esperarte.
Y prefiero que lluvia huya con todo y me deje vacía sintiendo el silencio.
Y prefiero que acabe todo muy luego y que pasen 10 años sin vernos.
¿Crees que todo se acabe y se derrumbe?
Yo creo que la vida ya tuvo un fin.
Huye ahora, hazte burbujas frente a mí y sé nada en ninguna parte.
Tengo tantas ganas de ser yo quien vuele sin tiempo, pero estoy tan pegada a este suelo, tan acostumbrada a desearte lo mejor.
Dejemos que la lluvia caiga y borre todos los imposibles y te destierre de mi cabeza y quedemosnos con los espacios en blanco, porque voy a correr a cada sitio en donde el frío congele mentiras y voy a tragarme cada viento y cada estrella y voy a destruir mis zapatos y voy a volar en un columpio muy alto, sabiendo que nada valdrá la pena, porque no van a regalarme una vida sin tu nombre ni tus heridas.
Voy a llenar mi corazón de nauseas que te narren lo mucho que dolía.
Regalame tu vida sobre las cuerdas y prestame tus ratos en tiempos indeterminados, clausura el llanto y abre puertas a un silencio que nos mantenga lejos.
Y antes de que me regales algo, dejame arrepentirme de todo y confesarle a un árbol que no sé como dejar de quererte sin dejar de hacerlo a cada instante.
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