Los quiero infinitamente, aunque me duela la garganta después. Cada vez que hablo mucho me arrepiento. Antes no, pero ahora pienso siempre en que debí quedarme sonriendo. Quiero mis vomitos y mis penas. Los quiero míos y fingir el resto. Ser yo conmigo no más. Tengo miedo y tengo culpa. Tal vez las tengo desde hace mucho tiempo. Algún día tendré valor para pedir perdón sin esperar lo mismo. Mientras esperaré a que sigas en el teléfono en la madrugada. Que sigas viva el día en que yo pueda decirlo y tu puedas entenderlo sin dolores de por medio. Que te quiero mucho.
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