lunes, 20 de mayo de 2013

Ojala las teclas de su teléfono sigan sonando a las 4 de la mañana


Los quiero infinitamente, aunque me duela la garganta después. Cada vez que hablo mucho me arrepiento. Antes no, pero ahora pienso siempre en que debí quedarme sonriendo. Quiero mis vomitos y mis penas. Los quiero míos y fingir el resto. Ser yo conmigo no más. Tengo miedo y tengo culpa. Tal vez las tengo desde hace mucho tiempo. Algún día tendré valor para pedir perdón sin esperar lo mismo. Mientras esperaré a que sigas en el teléfono en la madrugada. Que sigas viva el día en que yo pueda decirlo y tu puedas entenderlo sin dolores de por medio. Que te quiero mucho.

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