miércoles, 24 de abril de 2013


Tal vez en lo único que creo bien es en las personas. Y las personas no creen en ellas mismas ni en el sentido de sociedad. Y yo no creo en Dios ni decidiré creer en él para darle un sentido a mi vida como el príncipe. Eso pensaba cuando leía los cuentos de la publicidad, mientras además comprendía porqué necesito terapia psicológica. Y luego pensaba, qué cuentos me trago yo? Tal vez Paris con las canciones de Morrissey o Foster de People me vende ene cosas, pero yo no les creo el cuento. Porque el cuento es dar significados, es crear una visión de mundo y al mundo en sí mismo y el gerente de Cencosud creyendo que el mall es un progreso no me vende ningún cuento en el que yo quiera creer. Que habrá un museo por cada mall. Que haga un aporte real en educación y que por cada tienda, supermercado y contrato que haga con Tonka Tomicic lleve a niños que estudian en poblaciones y colegios malos a la ópera. O les presente al director de la sinfónica de la U. de Chile y les permita ir más allá en la experencia del arte y de la educación otorgándoles una mirada real a un mundo que es casi imposible que accedan por ellos mismos. Que los malls aporten al museo de la memoria. Y no solo con plata, con difusión de la memoria en este país. Que pagué sus impuestos como corresponde. Casi con eso último me conformo. Quizás ahí podríamos estar hablando. Y luego comprendo porque no quiero ser ejercer la carrera de publicista. Yo quiero ejercer la carrera de comunicación y comunicación en otros ámbitos que habrán la posibilidad a cambios reales. A dejar de tener terror al cambio cuando no es progreso económico para tener más plata y cuando no es progreso tecnólogico para tener más comodidades y es cambio para ampliar la consiencia de que vivimos juntos y debemos ser ciudadanos que crean en cuentos que otorguen significados con los que vale tragarse el cuento más allá de la mina/ el mino bonito de la publicidad.

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