Hubo un tiempo en que me sentía en una dimensión distante de mi familia, como que sus problemas no eran los mios, como que mi vida no se cruzaban con las suyas y no sé, de a poco fui valorándolo todo, fui madurando, me dedique a hacer converger mi vida con las suyas a vivir entre mis mundos imaginados y la tierra firma cuando se esta con ellos; fue darse cuenta todo lo que me han dado, de todo lo que puedo dar, de lo maravillosa que fue mi abuela, de que tenía una familia maravillosa, perfectamente imperfecta. Así paso con los amigos, esa gente que no nace junto a uno, esas personas que te encuentras y a la que ya no puedes dejar, que no tienen porqué, pero están.
Supongo que habrá pasado similar con este pedazo de tierra que se llama Chile, es decir, creo que recién ahora entiendo que nací aquí, porque mucho tiempo viví creyendo que no era de este lugar, bueno, esa crisis de no pertenencia que supongo que a muchos les pasara. De todos modos en un momento me encontré amando esta tierra con su gente maravillosa, con sus defectos inentendibles, con sus palabras inventadas, con nuestra cordillera y el mar, con este Santiago medio apurado al que un día voy a extrañar, me encontré amando a nuestro pueblo y su fuerza. Fuerza. Que fuerza que tiene Latinoamérica, que tiene Chile. Y así seguimos adelante, ¿no? Como decía mi abuelita, que a la calle había que salir con la mirada en alto y la espalda erguida. Porque seguiremos saliendo a la calle, luchando, terremoto tras terremoto, que Chile es y será un pueblo que se levanta por las suyas. Energía acumulada y placas que chocan es la naturaleza de esta tierra, ni dioses a los que agradecer ni dioses a quienes culpar, ese el suelo sobre el que vivimos, pero esa misma fuerza con la que se nos mueve el piso es la que tenemos los chilenos para ponerlo todo en pie otra vez.
En un diario decían que seguramente muchos se preguntan que cómo vivimos en una tierra en donde cada tanto el piso se mueve tirando abajo un montón de vidas, pueblos y sueños, pero que se logra con un pueblo que tiene fuerza, mucha fuerza y nada más que la verdad.
Supongo que habrá pasado similar con este pedazo de tierra que se llama Chile, es decir, creo que recién ahora entiendo que nací aquí, porque mucho tiempo viví creyendo que no era de este lugar, bueno, esa crisis de no pertenencia que supongo que a muchos les pasara. De todos modos en un momento me encontré amando esta tierra con su gente maravillosa, con sus defectos inentendibles, con sus palabras inventadas, con nuestra cordillera y el mar, con este Santiago medio apurado al que un día voy a extrañar, me encontré amando a nuestro pueblo y su fuerza. Fuerza. Que fuerza que tiene Latinoamérica, que tiene Chile. Y así seguimos adelante, ¿no? Como decía mi abuelita, que a la calle había que salir con la mirada en alto y la espalda erguida. Porque seguiremos saliendo a la calle, luchando, terremoto tras terremoto, que Chile es y será un pueblo que se levanta por las suyas. Energía acumulada y placas que chocan es la naturaleza de esta tierra, ni dioses a los que agradecer ni dioses a quienes culpar, ese el suelo sobre el que vivimos, pero esa misma fuerza con la que se nos mueve el piso es la que tenemos los chilenos para ponerlo todo en pie otra vez.
En un diario decían que seguramente muchos se preguntan que cómo vivimos en una tierra en donde cada tanto el piso se mueve tirando abajo un montón de vidas, pueblos y sueños, pero que se logra con un pueblo que tiene fuerza, mucha fuerza y nada más que la verdad.
2 comentarios:
Una verdad como un templo, Natty, eso es lo que escribiste hoy.
Ne, por mi parte los admiro mucho por tener esa fuerza y porque sé que saldrán adelante.
Prometo que si no actualizo por lo menos a ti te mando algunos de los pedazos que planeo subir XD, ¡lo juro!
Te quiero Natty, y muchas ganas a todo ;).
Concuerdo contigo... ahora como que uno le agarró más cariño a Chile.
Te voy a poner de link en mi blog, para leerte más seguido.
Saludos!
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